La luz era como la acostumbrada en las cantinas del sector: Un tubo fluorecente en el techo que, por alguna razón, está a la mierda. Los carteles corcheteados a la barra de madera manchada por el poto de los vasos con pipeño y la música era algo así como Los Charros de Lumaco pero algo mas "under".
Ella, pelo blanco y a la vista, andaba por los 80 y tantos. Él, no tan viejo pero si bien curado.
El baile eran brazos saltando y una falda que se movía como campana. La escena perfecta para pasar rápido en bicicleta, por fuera, y no alcanzar a levantar la cámara por que no había luz y te podías sacar la cresta.
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